Hace unas cuantas décadas atrás el uso de monitores se circunscribía a monitores de entre 10 hasta 15 pulgadas, básicamente porque los de 17 pulgadas o más eran muy costosos. En esta última década esto ha cambiado y se están utilizando con normalidad monitores de entre 17 hasta 21 pulgadas ya que han disminuido los precios de éstos y la gran mayoría de las aplicaciones así lo requieren. En la actualidad ya existen monitores de tecnología cristal-liquido (LCD) que son menos voluminosos por consiguiente menos pesado y ergonómicamente mejores. El único punto en su contra es que son más costosos.